08/02/2026 - Edición Nº460

Nacionales

EDITORIAL DE DOMINGO

Sodoma, Gomorra, la biblia y el calefón

08:00 | La “bomba en racimo” que cae sobre el mundo occidental y capitalista a partir de las tres millones de páginas de los archivos generados en la causa del pedófilo y proxeneta Jeffrey Epstein, deja en evidencia la mentira política en la que vivimos.


por Fernando Somoza Especial para NA (*)


Sodoma y Gomorra se mencionan en el Génesis, después de que Abraham regresase del Egipto. Los habitantes de ambas ciudades son descritos como grandes pecadores contra Dios.

Algunos escritos judaicos clásicos enfatizan los aspectos de crueldad y la inhospitalidad con los forasteros.

Paradójicamente una tradición rabínica, expuesta en la Misná, afirma que los pecados de Sodoma estaban relacionados con la ganancia y el apego excesivo a la propiedad y las riquezas, que son interpretados como señales de falta de compasión. Algunos textos rabínicos acusan a los sodomitas de ser blasfemos y sanguinarios. Otra tradición rabínica indica que Sodoma y Gomorra trataban a los visitantes de forma sádica. Uno de los crímenes cometidos contra los forasteros es casi idéntico al de Procusto, en la mitología griega, otorgando respeto a la «cama de Sodoma», en la cual todos los visitantes eran obligados a dormir. Si los huéspedes eran más altos eran amputados, y si eran más bajos eran estirados hasta alcanzar el largo de la cama. Los textos proféticos, como los de Ezequiel, explican que Sodoma y Gomorra fueron destruidas por su orgullo, su descuido y no haber ayudado a pobres e infelices.

Si releemos con honestidad intelectual cada una de las líneas que anteceden hallaremos que la leyenda de miles de años de antigüedad se asemeja bastante en algunos aspectos al mundo actual que en algunos casos hasta lo superar en vejámenes y crueldad.

Este mundo en el que el presidente Javier Milei, considera que la derecha liberal supera “estéticamente” a los zurdos y lanza metáforas de niños “envaselinados” en los que sólo algunos reparan, pero causan tanto asco e impotencia como la causa de Jeffrey Epstein, el pedófilo y proxeneta estadounidense que se rodeó de los principales gobernantes y millonarios que manejan el orden mundial, incluidos entre ellos nuestro nuevo mecenas económico, Donald Trump.

"Donald Trump está en los archivos de Epstein. Esa es la verdadera razón por la que no se han hecho públicos", escribió Musk en su cuenta de X, publicando a mediados del año pasado un video que muestra a Trump en una fiesta con Epstein en 1992.

La muerte de Epstein ocurrió solo un día después de que se revelaran documentos judiciales que implicaban como sus cómplices a numerosas personas influyentes, incluido el príncipe británico Andrés, el inversionista multimillonario Glenn Dubin, el exgobernador de Nuevo México Bill Richardson y otras figuras políticas y personas de alto perfil.

A fines de enero pasado, el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo público un conjunto de materiales relacionados con el caso, que incluye una serie de pruebas importantes, como imágenes de mujeres desnudas, camillas de masaje y juguetes sexuales. Varios congresistas siguen exigiendo a la fiscal general de EE.UU. Pamela Bondi, que publique sin demora los archivos del empresario en su totalidad, así como que informe al Congreso si el presidente Trump ha intervenido en la desclasificación.

Sólo para poner en contexto al lector, en marzo de 2005, una niña de 14 años se convirtió en la primera víctima menor de edad en acusar formalmente a Epstein de abuso sexual, citando un incidente en su mansión de Palm Beach. Según los investigadores, la menor fue traída por otra adolescente para darle un masaje al financiero a cambio de dinero.

"Desde al menos 2002 hasta al menos 2005, Jeffrey Epstein atrajo, reclutó e hizo que decenas de menores de edad fueran atraídas a su mansión en Nueva York y a su finca en Palm Beach, Florida, para que participaran en actos sexuales con él, tras lo cual les entregaba cientos de dólares en efectivo. Para mantener y aumentar su número de víctimas, Epstein también pagaba a ciertas víctimas para que reclutaran a otras menores de edad de las que pudiera abusar de forma similar. De esta manera, Epstein creó una vasta red de víctimas menores de edad para explotarlas sexualmente, a menudo a diario, en lugares como Nueva York y Palm Beach", comunicó en 2019 la Fiscalía de EE.UU. del Distrito Sur de Nueva York.

Lejos de poner fin a la polémica en torno al depredador sexual, la nueva tanda de archivos dejó al descubierto un abismo de prácticas escalofriantes y siniestras, con testimonios de una brutalidad y un ocultismo tan extremos que, de ser ciertos, redefinirían la naturaleza del escándalo y pondrían en cuestión el mundo de fantasía en el que vivimos relatado por los más poderosos, mientras en sus tinieblas acontecen las peores pesadillas. Lo más sorprendente es que los comunicadores en su mayoría no resaltan semejante situación digna del máximo repudio.

Desde la psicología y el análisis cultural, Sodoma y Gomorra representan un arquetipo de la degeneración moral, la perversión de la hospitalidad y la violencia colectiva, más allá de la interpretación puramente sexual. Simbolizan el narcisismo grupal, la falta de empatía y la deshumanización del "otro".

¿Cuán cercanos estamos de todo eso y más, en este mundo capitalista occidental?

La violencia y perversión de la hospitalidad podemos advertirla en varios países y hoy exacerbada en EE.UU. con la persecución de inmigrantes y el avance sobre otras naciones.

Psicológicamente, el episodio bíblico destaca una agresividad social extrema. El intento de violación de los forasteros (los ángeles) representa la transgresión de normas básicas de convivencia, convirtiendo la hospitalidad en un acto de sumisión y abuso ¿A qué nos recuerda?

Narcisismo y Pecado Colectivo, donde las ciudades simbolizan una cultura del egoísmo desmedido, donde los habitantes se ufanaban de sus actos, reflejando una falta de culpa o autorreflexión. Repasemos las páginas de los informativos de hoy por si acaso.

La figura de Lot y la ambivalencia respecto a sus hijas revela un contexto cultural arcaico de desvalorización femenina, actuando como un mecanismo de defensa para proteger a los invitados, un dilema ético complejo.

La interpretación psicoanalítica de Sodoma y Gomorra se podría asociar a menudo con el comportamiento hedonista descontrolado, la sombra colectiva y el castigo simbólico a la perversión de los instintos.

En resumen, Sodoma y Gomorra reúne características de la sociedad actual, colapsada por la corrupción de sus propios valores y la pérdida de la empatía.

Y si eso no nos importa ¿qué es lo que debería importarnos?

(*) fersomozaok@gmail.com