por Fernando Somoza Especial para NA (*)
Una encuesta de Pulso Research conocida esta semana evaluó la aprobación del gobierno de Javier Milei, la percepción sobre la economía y la atribución de responsabilidades por la crisis. El estudio expuso una tensión marcada: mientras el 47,8% señaló al Gobierno anterior como principal responsable de la situación económica, el 67,1% calificó el presente del país como negativo o muy negativo.
Frente a la consulta sobre la gestión del gobierno de Javier Milei, el 45,7% la consideró de manera negativa, mientras que el 44,9% expresó una opinión positiva, lo que reflejó un escenario de paridad.
Sin embargo, llama la atención que, en cuanto a la economía personal, el 69,5% afirmó atravesar una situación desfavorable y el 27,7% sostuvo que su presente es positivo.
¿Hasta qué punto un ciudadano es capaz de pegarse un tiro en el pie y pasar de gobiernos que les otorgaron subsidios (o prebendas, según como cada uno lo considere) a cuestionar dichos beneficios?
No es la primera vez que advertimos en esta columna acerca de la distopía en que vivimos en forma cotidiana, en la que trabajadores de clase media baja opinan que los servicios públicos “eran muy baratos” y luego sacan créditos usurarios en bancos oficiales para pagarlos y evitar el corte.
En medio de la polémica “therian” sería interesante saber que “máscara” gustarían ponerse estos ciudadanos para buscar su identidad. Tal vez alguna de Franco Macri, Paolo Rocca o el mismo Donald Trump para sentirse ricos y de ese modo odiar a los de su misma clase, tal como ocurre en nuestros días.
De otro modo no se explica cómo sigue el apoyo del ciudadano al gobierno de Milei, ya que por ejemplo en la encuesta y ante la pregunta sobre el momento más crítico del programa fiscal, el 39,4% respondió que “lo peor aún está por venir”. El 30,9% consideró que el tramo más duro transcurre en la actualidad y el 19,3% afirmó que ya quedó atrás y respecto al impacto del ajuste fiscal, el 38% señaló que la política económica empeoró la situación del país.
¿Si la mayoría opina mal del gobierno actual y sus medidas, porqué el culpable siguen siendo el o los anteriores?
Hace unos meses en una nota de opinión para el portal LaNoticiaWeb, Marcial Ferrelli, destacaba que “la opinión pública se rindió a lo que circula en sus dispositivos: los egos expuestos a través de una red que conecta al mundo. Nos gobiernan algoritmos, los rebaños tecnologizados se fragmentan y la sociedad se polariza”.
Ha de haber algo más que cierto en dicho concepto, de lo contrario no sería posible que la contradicción sea semejante.
Santiago Caputo “el monje negro” de la gestión comunicacional del partido violeta escribió en X: “Algunos piensan que esto es una etapa más. Que vamos a gobernar un rato y después todo volverá a ser como antes. No entendieron nada. No vinimos a administrar. Vinimos a cortar, a exponer, a demoler. Y si eso molesta, mejor. El ruido es señal de limpieza. TMAP (Toda marcha acorde a lo planeado)”.
Un gobierno que parecía tener los días contados luego de la derrota del 7 de septiembre pasado en la provincia de Buenos Aires, hoy hace cálculos para ganar la gobernación en esa provincia el año que viene y teñir el país en su totalidad de esta pseudo Libertad, con ayuda -claro está- de peronistas que zapatean sobre los restos de Juan Domingo Perón en forma de derechos laborales y ponen a sus diputados a aprobar reformas que el líder del justicialismo consideraba sagradas.
Hay quienes celebran que haya cerrado Fate dejando a mil sin empleo, simplemente porque se “podrán comprar neumáticos más baratos”, siendo que los festejantes ni siquiera tienen auto y de tenerlo no les alcanzaría su ingreso para pagar el seguro, como ya pasa con tantos que transitan las calles hoy por hoy sin ninguna previsión.
Un país hecho pedazos, que sin embargo otrora ha dado sobradas muestras de reconstrucción a partir de las cenizas, aunque luego se haya incendiado más temprano que tarde.
Por eso la mayor preocupación de quienes manejan la ingeniería social de LLA, radica en que no se “despierten” los reclamos virulentos del 2001 respecto a “Que se vayan todos”. Sin liderazgos opositores y el boleto del oficialismo con fecha de caducidad para cuando no haya para llenar la heladera; hoy se empiezan a oír sordos ruidos, ligeros todavía, de las cacerolas. Un sonido similar al que terminó rompiendo la paz social hace 25 años atrás y que parece estar tomando mayor dimensión.
Una ola que podría llevarse puestos a los medios prebendarios de difusión, a los cuales le costaría muy poco darse vuelta si se les pone peluda la cosa.
Los despidos del Estado y de los privados todavía no impactaron en la cotidianeidad. Tampoco la caída de consumo cerró “todas” las persianas ya que algunos comerciantes y empresarios resisten con sus ahorros, al igual que pymes y micropymes.
La motosierra que empuñaba Milei al llegar al poder se le ha ido de las manos por propia ineptitud y como pasa con todo, cuando uno se sabe usar una herramienta, se puede lastimar severamente a sí mismo.