09/03/2026 - Edición Nº489

Nacionales

EDITORIAL DE DOMINGO

Envueltos en una nube de positividad tóxica

08/03/2026 08:00 | La psicología dice que cuando nos obligamos a ignorar o reprimir nuestros sentimientos negativos, perdemos la oportunidad de procesarlos y comprenderlos.


por Fernando Somoza Especial para NA (*)


El presidente Javier Milei reiteró su objetivo de alejarse del poder, si finalmente accede a un segundo mandato de su gobierno, que eventualmente se daría entre 2027 y 2031, según dijo en un reportaje reciente.

En ese sentido, el mandatario afirmó que “Después del año 2031, no me ven más el pelo”, y de esa manera ratificó su intención de alejarse de la política en el mediano plazo, después de lograr los objetivos que se había planteado con La Libertad Avanza (LLA), el partido que lo llevó a la Casa Rosada.

Por otra parte, se refirió en varios pasajes del reportaje a su relación con la oposición y aseveró que “No me van a llevar puesto como a (Mauricio) Macri”, luego de los cruces y chicanas que protagonizó con varios legisladores durante su discurso del domingo último, en el inicio de las sesiones ordinarias del Congreso.

La semana que pasó, mostró a Milei en un escenario triunfalista, aunque minado en sus circunstancias por una positividad tóxica.

La positividad tóxica se refiere a la tendencia de minimizar o invalidar las emociones negativas y auténticas en favor de mantener una actitud positiva constante. Aunque cultivar una perspectiva positiva puede ser beneficioso, la negación o supresión de emociones legítimas, como el dolor, la tristeza o la ira, puede ser perjudicial a largo plazo.

La psicología dice que cuando nos obligamos a ignorar o reprimir nuestros sentimientos negativos, perdemos la oportunidad de procesarlos y comprenderlos. En lugar de resolver nuestras preocupaciones, simplemente las ocultamos bajo la alfombra del optimismo forzado. A largo plazo, esto puede aumentar el estrés, la ansiedad y la sensación de alienación, ya que negamos nuestras propias experiencias emocionales genuinas.

Claro está que no pretendemos realizar una apreciación psicológica del mandatario, sería una situación imperdonable, pero bien podemos llevar el problema a la esfera de la política y tratar de entender porque transitamos este período en el cual la mayoría de los argentinos (salvo funcionarios estatales y especuladores financieros) no siente “en su bolsillo” las expresiones de Milei, acerca de que todo va de maravillas o “de acuerdo con el plan” que -vale decirlo- sólo él conoce en profundidad. Esto viene a cuento de los números que no parecen cerrar y promesas que no se concretan.

Ocurre en verdad que el único que maneja este positivismo tóxico es el presidente y por supuesto sus funcionarios, que lógicamente no quieren pegarse un tiro en el pie.

Para ubicarnos en la vereda contraria, nos alcanzaría con observar la cantidad de empleos que se pierden por día, la precarización y miseria de los nuevos que se crean. Las empresas pequeñitas que bajan las persianas y las multinacionales reconocidas que se supone conocedoras de la situación futura y sin embargo eligen escapar.

El gobierno libertario pone todo en favor del agro, el cual en muchos casos trabaja con números negativos y las mineras y energéticas.

Algunos dan cuenta de que habrá en breve un “éxodo de desocupados” del conurbano bonaerense hacia la “tierra prometida” de la región patagónica, pero minería y petróleo muestran una contracción sostenida del empleo registrado: desde noviembre de 2023 la caída acumulada es −7,63% y desde el pico de junio de 2024 llega a −9,34%, lo que equivale a alrededor de 8.960 puestos formales menos. Esas pérdidas no son temporales de ajuste sino un proceso prolongado: la serie mensual acumula 18 meses consecutivos de descenso en empleo sectorial, con la última variación mensual en torno a −0,35%.

Si la “bala de plata” que guarda Milei para el desarrollo energético y minero no está rindiendo empleos, si se acelera la desindustrialización y el agro depende de variables climáticas, sumado que los dólares no salen del colchón por más que Toto Caputo los pida rogando, no baja la inflación y EE.UU. entra en un conflicto que nos dejará huérfanos; terminaríamos en una encrucijada con similares características a la del 2001 de Fernando de la Rúa y porque no a la de 2019 con Mauricio Macri, sendos gobernantes a los que se llevó puesto su propia impericia a la hora de promover políticas equivocadas para un país complejo donde el humor social juega un papel preponderante y, si no es debidamente evaluado, las consecuencias son nefastas por más positivismo que se quiera hacer entender.

(*) [email protected]