La Guardia Revolucionaria iraní (IRGC, por sus siglas en inglés) ha dado un salto cualitativo en la escalada del conflicto al señalar abiertamente a las grandes tecnológicas estadounidenses como “objetivos legítimos”. Según recogió la agencia semioficial Tasnim, el cuerpo militar ha difundido una lista titulada “Los nuevos objetivos de Irán” que identifica oficinas, centros de desarrollo, nubes y centros de datos asociados a Google, Amazon, Microsoft, Palantir, IBM, Nvidia y Oracle en varias ciudades israelíes y en países del Golfo. La amenaza llega apenas días después de que drones iraníes golpearan tres centros de datos de Amazon Web Services (AWS) en Emiratos y Bahréin, en lo que ya se considera el primer ataque militar directo contra un proveedor de nube hiperescalar.
El mensaje es inequívoco: con la guerra regional convertida en una “guerra de infraestructuras”, la frontera entre objetivos militares y activos corporativos se difumina. Y lo hace, además, sobre un sector en el que las tres grandes nubes —AWS, Azure y Google Cloud— concentran cerca del 60% del mercado global, sosteniendo buena parte de la economía digital y de la nueva ola de inteligencia artificial.
La información difundida por Tasnim describe un documento interno de la IRGC que bajo el título “Los nuevos objetivos de Irán” enumera oficinas corporativas, centros de desarrollo, infraestructuras de nube y centros de datos asociados a los gigantes tecnológicos estadounidenses con vínculos a Israel. La lista incluye localizaciones en Tel Aviv, Haifa y Jerusalén, así como instalaciones en Emiratos, Bahréin, Qatar y otros países del Golfo donde estas compañías han desplegado regiones de nube y hubs de I+D.
El texto, según las filtraciones, sostiene que “con la expansión de la guerra regional hacia una guerra de infraestructuras, el perímetro de los objetivos legítimos de Irán se amplía gradualmente”. La Guardia Revolucionaria vincula directamente la tecnología de estas empresas con aplicaciones militares israelíes, desde sistemas de análisis de datos hasta plataformas de inteligencia artificial para selección de objetivos.
Lo relevante no es solo la amenaza, sino el cambio doctrinal que implica: las infraestructuras digitales de empresas privadas pasan a ser tratadas como activos militares. En el mismo movimiento, Irán intenta colocarse como actor que responde a informes de la ONU y de organizaciones de derechos humanos que han señalado a estas firmas por su papel en la guerra de Gaza y en el ecosistema de vigilancia israelí. El mensaje interno para su opinión pública es claro: no se ataca a “empresas neutras”, sino a parte del “complejo militar-tecnológico” occidental.