15/03/2026 - Edición Nº495

Nacionales

EDITORIAL DE DOMINGO

Una torre de panqueques

08:00 | Hasta el sarcasmo nos parece vergonzante, aunque es peor todavía un gobierno que desde hace 27 meses viene prometiendo lo mismo y por el contrario suma errores cada vez más gruesos ligados a aquello que pontificaron con “venimos a cambiar la política”.


por Fernando Somoza Especial para NA (*)


Javier Milei volvió a endurecer el lunes pasado la posición argentina frente a Irán al afirmar en la Universidad Yeshiva de Nueva York que el régimen iraní es “nuestro enemigo” y al reiterar su apoyo a Estados Unidos e Israel en plena guerra en Medio Oriente.

La frase no convierte por sí sola a la Argentina en un actor militar del conflicto, pero sí confirma algo más importante para leer el momento: la Casa Rosada decidió abandonar cualquier ambigüedad y colocarse políticamente del lado de la coalición que enfrenta a Teherán.

En nuestro editorial de domingo del 25 de junio del año pasado, bajo el título de “Cuando a los buenos nos toca el infierno”, decíamos así:

“Pero dejémonos de metáforas y miremos un poco alrededor (si es que nos animamos), para tratar de entender que una vez más estamos parados sobre el barril de pólvora del que salen varias mechas, mientras al lado, un loquito juega con el encendedor.

A la primera pregunta acerca si somos un pueblo pacífico, podríamos afirmarlo; aunque tal vez nos acerquemos a la categoría de dóciles, si tenemos en cuenta que en la historia de la república pulularon los golpes de Estado motorizados por los grupos de poder económico, acompañados por soldaditos con veleidades.

Asimismo, hubo grandes desbordes sociales que se produjeron inoportunamente contra los gobiernos democráticos, claro está que los de facto resultaron sangrientos.

Sangrientos hacia adentro, pero también hacia afuera, si consideramos la guerra de Malvinas, en la cual nos tocó pagar con jóvenes conscriptos la cuenta de la fiesta que venían celebrando los altos mandos desde “el proceso” de 1976.

No conformes con eso, nuevamente la paz se rompió con los atentados iraníes a la embajada de Israel y la AMIA en 1992 y 1994, cuando un tal Carlos Menem, a través de la mala praxis de gobierno, metió un conflicto por la ventana con el cual nada teníamos que ver; ni en tiempo, ni en espacio.

Ahora volvemos al punto de partida, no se trata de paramnesia sino de historia contante y sonante.

Un presidente que, embebido por su fanatismo religioso, nos sumerge en un conflicto similar, con los protagonistas de entonces, conflictivos por antonomasia; con intereses variopintos por su parte y por parte de los poderosos de siempre que quieren quedarse con el pescado del río revuelto.

En medio de una crisis económica que todavía no sale de la oscuridad por más que la quieran iluminar con focos de mentiras, somos “convidados de piedra” en una crisis mundial en la que no tenemos nada que ganar, pero si mucho por perder.

Nos intentan seducir con la baja de inflación, cuando lo que se inflan son los conflictos; con fábricas que cierran, empleados que pierden sus empleos y jóvenes sin esperanzas”.

En primer término, hubiésemos preferido errar el análisis y en segundo lugar, nos preocupa gravemente que después de ocho meses los relatos de gobierno sigan en el mismo sentido que otrora con la zanahoria por delante de los ciudadanos y acumulando malos ejemplos como se si tratara de una torre de panqueques.

No cabe duda que Milei se montó solito a una guerra en una acción que nadie pidió y con su frase acerca de ser “el presidente más sionista de la historia”, nos sumó a un nuevo “ismo” cuando todavía no habíamos entendido eso de “anarcocapitalismo”.

En tanto “Los viajes de Adorni” encabeza la lista de best sellers sobre “autoayuda”. Y siguen en el top cinco: “El industricidio” y “Todos somos Uber”.

No pierden su lugar “$Libra: todo por una moneda” y “Manual para robarle a un discapacitado”.

Hasta el sarcasmo nos parece vergonzante, aunque es peor todavía un gobierno que desde hace 27 meses viene prometiendo lo mismo y por el contrario suma errores cada vez más gruesos ligados a aquello que pontificaron con “venimos a cambiar la política”.

La torre de panqueques está cada vez más alta y al mismo tiempo inestable. A la inquietante paz social interna, se agrega ahora un conflicto externo que no elegimos. Los funcionarios suman patrimonio, mientras los argentinos suman deudas y junto a las pymes pasan los records de morosidad.

Los medios de “incomunicación” siguen con los cantos de sirenas, aunque algunas empiezan a mirar de soslayo la situación y si conviene seguir con el “toma y daca”.

El resto, cada vez más amenazados, saben que si la torre se desmorona serán las víctimas, una vez más y como siempre.

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