Los caminos rurales son mucho más que simples trazas de tierra que conectan campos.
En Argentina representan una infraestructura clave para el funcionamiento de la producción agropecuaria, la logística regional y la vida cotidiana de miles de comunidades.
Ese fue el eje de la conferencia especial “Experiencias de gestión y operación de caminos rurales”, organizada por la Asociación Argentina de Carreteras (AAC) durante la edición 2026 de Expoagro.
El encuentro reunió a tres representantes con experiencias concretas en distintos territorios: Franco Mugnaini, por la provincia de Córdoba; Jorge Alberto López, por la Asociación de Consorcios Camineros del Chaco; y Mariano Arrignón, por el sistema de mantenimiento rural de la Municipalidad de Olavarría. La charla fue coordinada por el ingeniero Bernardino Capra, referente de la Comisión de Caminos Rurales de la entidad organizadora.

Referentes de Córdoba, Chaco y Olavarría participaron en Expoagro 2026 de una conferencia sobre modelos de gestión y mantenimiento de caminos rurales en Argentina.(Foto: TN).
Un capital estratégico para el desarrollo
Capra abrió el debate con un dato que llamó la atención del auditorio: apenas el 15% de los caminos del país están pavimentados. El resto corresponde a caminos de tierra o estabilizados, muchos de ellos esenciales para transportar producción, conectar escuelas rurales o garantizar el acceso a pequeñas localidades.
Según explicó el ingeniero, si se calcula el valor de reposición de toda la red vial argentina, los caminos no pavimentados representan un capital equivalente al de la red pavimentada nacional o provincial. “Un municipio que administra mil o dos mil kilómetros de caminos tiene un stock de capital enorme”, señaló.
Sin embargo, también advirtió que muchas veces la gestión de estos caminos se subestima. Mientras que la ingeniería civil tiene estándares rigurosos para otras obras, los caminos rurales suelen depender de iniciativas locales, voluntad política o recursos limitados. De allí la importancia de difundir experiencias exitosas que puedan replicarse en distintos territorios.
Córdoba: consorcios y gestión descentralizada
Uno de los modelos más consolidados de gestión vial rural en el país es el de la provincia de Córdoba. Mugnaini explicó que la provincia cuenta con alrededor de 57.000 kilómetros de caminos rurales no pavimentados, además de otros 18.000 kilómetros de huellas productivas.
El sistema cordobés se basa en una fuerte descentralización. La red está gestionada por 257 consorcios camineros, integrados por productores agropecuarios de cada zona. Estos organismos se agrupan en 19 regionales que coordinan acciones y planificación.
El objetivo del modelo no se limita al mantenimiento de caminos. Según Mugnaini, la gestión incluye cinco ejes estratégicos: productividad y logística, impacto social y arraigo rural, sustentabilidad ambiental, planificación inteligente de la red y descentralización administrativa.
Para la provincia, los caminos rurales no solo sirven para transportar granos o insumos. También son la vía por la que circulan docentes, servicios de salud y trabajadores rurales. “Por los caminos transitan nuestras maestras, nuestros chicos que van a la escuela, las comunidades que se conectan”, explicó.
En ese sentido, la provincia incorporó la gestión de la red rural dentro del área de Bioagroindustria, reforzando una mirada productiva y territorial sobre la infraestructura.
Chaco: consorcios como política de Estado
La experiencia del Chaco presenta otro modelo interesante, basado también en consorcios pero con un esquema institucional diferente. López explicó que el sistema chaqueño tiene más de tres décadas de funcionamiento y hoy se considera una política de Estado.
Actualmente existen más de 100 consorcios camineros distribuidos en distintos puntos de la provincia, que gestionan aproximadamente 29.400 kilómetros de caminos rurales.
Estos consorcios están integrados por productores y actores locales que participan activamente en la toma de decisiones. Cada comisión directiva administra recursos, coordina maquinaria y define prioridades de mantenimiento según las necesidades del territorio.
El financiamiento del sistema proviene de un fondo específico generado por un porcentaje adicional del impuesto inmobiliario rural. Ese mecanismo permite sostener la compra de equipamiento, obras de alcantarillado y tareas de mantenimiento permanente.
Según López, el modelo garantiza una respuesta rápida ante problemas de transitabilidad, ya que los consorcios están distribuidos territorialmente y conocen de cerca las condiciones del suelo, el clima y la dinámica productiva de cada región.
Además, destacó que el sistema se fortaleció a lo largo de distintos gobiernos provinciales, lo que permitió consolidar su continuidad institucional.

El mantenimiento de los caminos rurales resulta fundamental para sostener la logística productiva y el arraigo en las comunidades del interior. (Foto: Municipalidad de Olavarría).
Olavarría: tecnología y participación público-privada
La experiencia presentada por Arrignón mostró cómo un municipio puede desarrollar herramientas innovadoras para gestionar su red rural. El partido de Olavarría cuenta con 1300 kilómetros de caminos, que incluyen trazas primarias, secundarias y terciarias.
La actividad económica local —con fuerte presencia minera, agrícola y ganadera— genera un intenso movimiento de transporte. Según explicó el funcionario, la región registra alrededor de 5000 camiones diarios, vinculados principalmente a la producción minera.
Para mejorar la eficiencia del mantenimiento, el municipio implementó un sistema de participación público-privada. El territorio fue dividido en seis zonas: cinco de ellas son mantenidas por empresas contratistas y una se gestiona con equipos municipales.
Además, la comuna desarrolló una plataforma digital que georreferencia caminos, tranqueras y accesos rurales. Cada punto del mapa permite identificar la nomenclatura del camino, su longitud y la forma de llegar a un establecimiento.
Este sistema resulta especialmente útil para servicios de emergencia, como bomberos, ambulancias o cuadrillas eléctricas, que pueden ubicar rápidamente cualquier punto del territorio rural.
Arrignón también destacó la importancia de la infraestructura hidráulica en el mantenimiento de caminos. Según explicó, un buen sistema de alcantarillas y drenaje reduce significativamente los costos de reparación y prolonga la vida útil de las trazas.
Un desafío federal
La conferencia concluyó con una reflexión compartida sobre la complejidad de gestionar la red vial rural en un país federal como la Argentina. Capra recordó que la mayoría de los caminos de tierra dependen de provincias y municipios, lo que dificulta establecer una política nacional unificada.
Aun así, destacó el rol de las instituciones técnicas y de los espacios de intercambio para difundir buenas prácticas.
“La clave es combinar conocimiento técnico con participación local”, sostuvo. Para el ingeniero, los caminos rurales deben ser entendidos como un servicio esencial que sostiene la producción, el arraigo y la integración territorial.
En un país donde la mayor parte de la red vial sigue siendo de tierra, mejorar su gestión no solo implica facilitar la logística del agro. También significa garantizar conectividad, oportunidades y desarrollo para miles de comunidades rurales.