Cada 30 de octubre se recuerda uno de los acontecimientos más famosos de la historia de los medios de comunicación: la emisión radial de La guerra de los mundos, que tuvo como protagonista a Orson Welles y que quedó asociada al temor que generó la posibilidad de una invasión extraterrestre.
La transmisión se realizó en 1938, en Estados Unidos, hace exactamente 88 años, cuando la radio era uno de los principales medios de información y entretenimiento. Lo que comenzó como una adaptación literaria terminó convirtiéndose en un fenómeno cultural que todavía hoy despierta interés por su impacto y por las discusiones que abrió sobre el poder de los medios para influir en la percepción de la realidad.
El programa formaba parte de Mercury Theatre on the Air, un ciclo radial de la cadena estadounidense CBS. La adaptación de la novela de ciencia ficción publicada en 1898 por Herbert George Wells estuvo a cargo de Howard Koch y fue dirigida y narrada por Orson Welles, que tenía apenas 23 años. La emisión comenzó con una presentación musical aparentemente convencional. Sin embargo, la música fue interrumpida por supuestos boletines informativos que anunciaban extrañas explosiones en Marte y, posteriormente, el aterrizaje de naves extraterrestres en Grover's Mill, una localidad del estado de Nueva Jersey.
A medida que avanzaba el relato, los falsos despachos describían el avance de los invasores, los enfrentamientos con las fuerzas militares y los ataques con armas desconocidas. La utilización de actores que interpretaban a periodistas, científicos y funcionarios, junto con efectos sonoros y cortes musicales, le dio a la ficción una apariencia de cobertura periodística en directo.
El recurso narrativo fue tan convincente para algunos oyentes que hubo personas que llamaron a estaciones de radio, redacciones de diarios y dependencias policiales para averiguar qué estaba sucediendo. Otros buscaron información sobre cómo protegerse ante el supuesto ataque.
Sin embargo, hay un dato importante para comprender la verdadera dimensión del episodio: la idea de que toda Estados Unidos entró en pánico es una exageración que se consolidó a partir de las repercusiones periodísticas de aquellos días. Investigaciones posteriores señalaron que la audiencia del programa era relativamente reducida y que buena parte de quienes lo escucharon sabía que se trataba de una ficción. La reacción de

Al día siguiente, el 31 de octubre de 1938, Welles debió enfrentar a los periodistas en una conferencia de prensa para explicar lo ocurrido. El actor manifestó su sorpresa por la reacción de una parte del público y sostuvo que el equipo no había previsto que el relato pudiera generar semejante confusión. De hecho, antes de la emisión había considerado que la historia podía resultar demasiado inverosímil para captar la atención de los oyentes. La intención era experimentar con una forma diferente de narrar una obra literaria, utilizando los recursos propios de los informativos radiales.
El episodio terminó convirtiéndose en un punto de referencia para estudiar la influencia de los medios de comunicación, la credibilidad de las noticias y la capacidad de la radio para transmitir acontecimientos ficticios con apariencia de realidad. La repercusión también contribuyó a impulsar la carrera de Welles, quien pocos años después alcanzaría reconocimiento internacional como director de cine con El ciudadano Kane (1941), considerada una de las películas más influyentes de la historia del cine.