¿Qué gusto tiene y por qué genera interés?
Uno de los puntos que más llamó la atención es su similitud con la carne vacuna. Según Cittadini: “Es muy parecida a la carne de vaca, tanto en el aspecto como en el gusto. Es difícil distinguirlas”.
Este factor, sumado a su precio competitivo, podría explicar la rápida aceptación inicial del producto.
Una alternativa productiva, no una necesidad
El impulsor del proyecto fue claro al diferenciar el objetivo: “No es por la crisis, es una opción productiva para la Patagonia”, aseguró.
La propuesta surge como respuesta a la caída de la producción ovina en el sur del país y busca aprovechar la adaptabilidad del burro a ese entorno.
Qué dice el sector cárnico
Desde la industria cárnica, el empresario Sebastián Parra consideró que se trata de una experiencia incipiente: “Esto es una prueba piloto. No lo vemos como una necesidad, pero la repercusión no es mala”.
Sin embargo, marcó los desafíos pendientes: falta desarrollo del sector, no hay frigoríficos habilitados y se deben controlar las condiciones de cría.
También vinculó el interés con el contexto económico: “Hay una demanda por nuevas proteínas. El precio de la carne vacuna subió por distintos factores y eso convierte a estas alternativas en noticia”.
Qué puede pasar a futuro
Por ahora, la carne de burro en la Argentina es legal pero limitada a experiencias locales. Para expandirse a nivel nacional, será necesario habilitar plantas frigoríficas específicas, establecer un marco regulatorio claro y evaluar su aceptación en el mercado.
Si esos pasos avanzan, podría consolidarse como una nueva alternativa dentro del consumo de carnes, aunque todavía se encuentra en una etapa inicial.
