Quedan horas - un día o menos según como se tome el límite del plazo - para que se termine el período de la tregua entre Estados Unidos e Irán. La política exterior de Donald Trump es impredecible, pero a último momento, alguien lo convence, o el mismo lo hace, y toma las posturas menos extremas.
En la negociación con Irán pasa lo mismo. Menos de 48 horas después de haber pronosticado la "desaparición de una civilización" anunció una tregua con Irán. En estos días, impuso un bloqueo al bloqueo de Irán, capturó un buque iraní y vaticinó nuevos bombardeos "jamás vistos anteriormente" sin no hay diálogo.
Sin embargo, mando a su vice, al secretario de Estado y a su yerno, consejero personal, a participar de la segunda ronda de conversaciones en Islamabad, Pakistán.
Pero si Trump es imprevisible, desde Teherán no le van en zaga. Dijeron que no negociaban si Israel atacaba al Líbano. Ante la tregua también entre esos países, hallaron otro argumento. El bloqueo de Estados Unidos. Y anunciaron restablecer el bloqueo. También, insisten en que están en condiciones de lanzar ataques como represalia de enormes consecuencias. Hasta ahí, las dos partes se conducen igual.
Aunque falta el elemento fundamental. Irán aún no confirmó los nombres de los negociadores. Es más, en Islamabad, la capital de Pakistán, aún no recibieron ninguna confirmación de la partida de la delegación iraní.
Ante eso, desde la Casa Blanca se jugó una última carta de misterio: ¿iría finalmente J.D. Vance? El diario The Times of Israel dice que finalmente, la Casa Blanca corrigió esa información y confirmó que sí liderará la delegación estadounidense.
La situación se enmarca en negociaciones urgentes, a contrarreloj, ante la inminente expiración de la tregua. La primera ronda de diálogos, realizada días antes, terminó sin acuerdo tras más de 20 horas de conversaciones, aunque dejó abierta la puerta a un posible entendimiento.
En este escenario, la eventual presencia de Irán resulta clave: sin su participación, el nuevo intento diplomático corre el riesgo de fracasar antes de comenzar, en medio de una escalada que ya impacta en la seguridad regional y en los mercados energéticos globales.