18/05/2026 - Edición Nº559

Nacionales

EDITORIAL

El espejo ecuatoriano de Milei

17/05/2026 07:13 | El deterioro institucional, los exabruptos presidenciales y el ajuste celebrado por los mercados recuerdan peligrosamente al fugaz experimento político de Abdalá Bucaram en Ecuador. La historia regional demuestra que el espectáculo puede durar poco, pero sus consecuencias permanecen.


por Fernando Somoza Especial para NA (*)


La semana que pasó fue inédita en lo que se refiere a un presidente insultando con un nivel de agresión verbal impropio de la investidura presidencial. Emprendiéndola contra todo aquel que se atreva a poner en duda sus teorías extravagantes, dicho esto no por simples periodistas o dirigentes opositores, sino incluso por economistas que inicialmente observaron con expectativa parte de su programa.

Javier Milei posee un raro magnetismo que ha sido acicateado por grupos de poder comunicacional que hoy parecen no saber cómo desprenderse de él. Muchos de ellos comienzan a advertir que la construcción política y mediática que ayudaron a consolidar podría terminar dañando también sus propios intereses.

Mientras tanto, importantes sectores medios y bajos que fueron seducidos por una narrativa antisistema comienzan a despertar del entusiasmo inicial a fuerza de endeudamientos crecientes y dificultades económicas de las que no logran salir. Una situación que no sólo incrementa su vulnerabilidad presente, sino también la futura.

Si bien la Argentina ha atravesado a lo largo de su historia numerosos episodios políticos y económicos traumáticos, la era Milei parece empujar constantemente los límites de lo imaginable.

La comparación más inquietante aparece al revisar la experiencia de Abdalá Bucaram, mandatario ecuatoriano de los años ’90 cuyo gobierno duró apenas seis meses debido al repudio popular generado por su conducta pública, los escándalos de corrupción y un severo programa económico neoliberal. Finalmente, el Congreso de Ecuador lo destituyó en febrero de 1997 bajo la insólita figura de “incapacidad mental” para gobernar.

El periodista Joaquim Ibarz escribía entonces en el diario La Vanguardia un artículo del cual hoy resulta imposible no extraer similitudes con la realidad argentina.

 

“Lo notable es que muchas de aquellas descripciones realizadas hace casi treinta años podrían publicarse hoy sin necesidad de modificar demasiadas palabras”.

Decía Ibarz: “El rey de España no sabía qué cara poner cuando Abdalá Bucaram le regaló en Santiago de Chile su disco ‘Loco enamorado’. Aunque es conocido el buen humor del Monarca, no osaba hacer comentario alguno ante el jefe de Estado más pintoresco, por decir lo menos, que ha conocido Iberoamérica. Qué se podía decir a un presidente a quien gustaba que le llamaran ‘Loco’ y que gobernaba recurriendo a las bufonadas”.

El mandatario ecuatoriano, que fue asesorado por Domingo Cavallo durante su gobierno, también imaginaba conspiraciones permanentes contra su persona: “A Cristo lo llamaron loco y lo mataron —gritó Bucaram durante su campaña—. A Gandhi lo llamaron loco y lo mataron. Llaman loco a Abdalá y no sé si me matarán”.

“La mezcla de paranoia, grandilocuencia y alarde es puro Bucaram”, señalaba por aquel entonces The Wall Street Journal al referirse al candidato populista.

Ibarz también relataba: “En su campaña Bucaram viajaba con una banda de pop rock uruguaya, Los Iracundos, y entusiasmaba a la multitud antes de pronunciar su discurso antioligárquico, cantando baladas pop y la versión en español de ‘El rock de la cárcel’. En el escenario, Bucaram se preciaba de ser el Mick Jagger de la política ecuatoriana”.

La incontinencia verbal de Bucaram generaba con frecuencia escándalos y titulares de prensa. En un debate parlamentario llegó incluso a descalificar a un adversario con expresiones grotescas impropias de cualquier dirigente democrático. En un debate parlamentario llegó a decir de su contrincante: "¡Qué consejos me puede dar un hombre que tiene el esperma aguado!".

“Todas sus extravagancias y chaladuras se le perdonaban mientras prometía pan y circo. Pero cuando empezó a faltar el pan, la complacencia se transformó en ira”.

La denuncia de que el hijo mayor de Bucaram, Jacobito, había reunido su “primer millón de dólares” en apenas cinco meses de actividad política terminó de erosionar la paciencia social. En aquel momento, el ex presidente ecuatoriano Rodrigo Borja afirmó que un trabajador promedio debería trabajar más de un siglo para alcanzar la suma que el hijo presidencial había logrado acumular en tan corto tiempo.

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