Fueron cuarenta minutos de un fútbol dorado. Una ráfaga inolvidable, en la que la rebelión de la gambeta indomable y el coraje se impusieron por encima de cualquier libreto. Fue así, con esa prepotencia de juego, como esta Selección argentina volvió a escribir un nuevo capítulo de la gloriosa historia del fútbol nacional. Con autoridad, apabulló a Inglaterra y la despojó por completo de toda ilusión de pelear por el título.
A quienes tuvimos el privilegio de ser testigos presenciales de otra gesta maravillosa de este equipo, nos invade una certeza inquebrantable: este grupo de futbolistas jamás conocerá la rendición. Para ellos, la gloria nunca será suficiente, no hay techo que los detenga.
Intentar explicar una reacción semejante desde la frialdad de la táctica o el rigor de la estrategia sería quedarse en un análisis corto y rozaría casi la injusticia. Esta hazaña se escribió mucho más con el barro del potrero que con las tizas del pizarrón.
Maradona y Messi, leyendas del fútbol argentino. (Reuters)
Su explicación más cabal radica en la calidad innegable de un puñado de futbolistas extraordinarios, pero por sobre todas las cosas, en un permanente y sagrado retorno a las raíces. En la cancha se mueven con la voracidad intacta y la frescura de aquellos años de infancia, cuando el único trofeo en disputa era el honor de los torneos barriales.
A ninguno le importó la atmósfera de altísima tensión que se vivía en un estadio colmado, ni intimidaron los apellidos del adversario, ni el riesgo de exponerse a las críticas por una gambeta fallida en un contexto de urgencia.
Lionel Messi, emblema de la Selección argentina, es llevado en andas por sus compañeros. (Reuters)
Fueron siempre hacia adelante, con el arco entre ceja y ceja, hasta que aniquilaron al rival. Lo secaron por completo. Lo abrumaron de fútbol, lo destruyeron en lo anímico. Le bombardearon el arco sin piedad y lo demolieron con la jerarquía implacable de un campeón insaciable, al que nada parece alcanzarle.
Es verdad que no fue un partido más, por eso lo jugaron así: con las marcas indelebles que configuras la identidad del fútbol argentino. La histórica clasificación agigantó la leyenda de un equipo que, sin lugar a debates,se consolidó como la mejor Selección argentina de todos los tiempos.