26/07/2026 - Edición Nº628

Nacionales

EDITORIAL

El desafío de gobernar a los "nuevos pobres"

08:00 | La angustia provocada por la falta de empleo de calidad comienza a transformar el malestar silencioso en una tensión social cada vez más visible.


por Fernando Somoza Especial para NA (*)


Los brotes verdes no aparecen, el consumo continúa en caída, las persianas siguen bajando sin retorno y los reclamos sociales aumentan, en medio de una realidad política donde prácticamente toda la dirigencia carga con altos niveles de rechazo.

Más allá de la ingeniería comunicacional desplegada en las redes sociales, el verdadero crecimiento que enfrenta el gobierno de Javier Milei es el de la desaprobación entre los "nuevos pobres": ese amplio sector de argentinos que apostó por un cambio económico y hoy ve deteriorarse su calidad de vida.

Son muchos más que los "nuevos ricos", en su mayoría inversores extranjeros que apenas analizan la posibilidad de desembarcar en el país.

El Gobierno enfrenta dos desafíos trascendentales. El primero consiste en llegar competitivo a 2027 para intentar la reelección. El segundo, mucho más complejo, es administrar un país donde millones de personas que hasta hace poco integraban la clase media comienzan a descubrir que han descendido varios escalones en la escala social.

La economía real se expresa en el mercado laboral. La inmensa mayoría de los hogares depende de su trabajo como principal fuente de ingresos y, por eso, el comportamiento del empleo resulta determinante para comprender la evolución de la pobreza.

Un informe de Fundar indicó que entre noviembre de 2023 y abril de 2026 la cantidad de empresas con al menos un trabajador registrado pasó de 512.357 a 484.095, una reducción de 28.262 empleadores, equivalente al 5,5 %. Según ese estudio, se trata del mayor retroceso registrado durante los primeros 29 meses de una gestión presidencial.

Lo más preocupante es que ese deterioro todavía no terminó de impactar plenamente en la vida cotidiana, aunque ya aparecen señales evidentes: precarización laboral, pérdida de puestos de trabajo, creciente endeudamiento familiar y un malestar social que también se traduce en una mayor demanda de atención en salud mental.

Mientras tanto, la respuesta oficial continúa apoyándose en promesas que se repiten sin materializarse.

La recuperación económica continúa siendo una expectativa antes que una realidad para buena parte de la sociedad.

Con la mirada puesta en modelos como el peruano, Milei y su equipo parecen no comprender una característica histórica del argentino medio: durante más de un siglo y medio el país ofreció condiciones de vida superiores a las de gran parte de América Latina.

No se trata de una apreciación caprichosa. Basta observar la cantidad de inmigrantes provenientes de países vecinos que eligieron radicarse en la Argentina desde el retorno de la democracia para comprender esa diferencia histórica.

Por eso el carácter que la sociedad exaltó recientemente en la Selección Argentina refleja una comunidad que no está derrotada. Sin embargo, esa misma sociedad parece atrapada por la sobreinformación y por la creciente banalización del debate político, fenómeno que desde hace años alimenta un rechazo generalizado hacia la dirigencia.

La angustia provocada por la falta de empleo de calidad comienza a transformar el malestar silencioso en una tensión social cada vez más visible.

Advertir sobre esa realidad no implica alentar la violencia. Todo lo contrario. Significa señalar que determinadas políticas económicas, cuando profundizan la exclusión sin ofrecer horizontes de mejora, terminan generando condiciones propicias para conflictos sociales que luego resultan difíciles de contener.

En un artículo publicado en 2011 por la UNICEN, el economista Ricardo Aronskind recordaba la experiencia de la crisis de 2001 al señalar que la hegemonía ideológica del sector financiero logró que parte de la sociedad respaldara políticas de ajuste para garantizar el cobro de las acreencias del Estado. Esa subordinación de la política terminó convenciendo a muchos argentinos de que "todos los políticos" eran sus enemigos, perdiendo de vista las raíces socioeconómicas del modelo.

Mucho antes, Nicolás Maquiavelo advertía en “El príncipe” que un gobernante puede inspirar temor, pero nunca odio. Sostenía que despojar injustamente a los súbditos de sus bienes termina alimentando resentimiento y rebeldía, razón por la cual la administración de la economía debía ejercerse con prudencia.

Gobernar en tiempos de prosperidad puede permitir el surgimiento de liderazgos carismáticos o populistas. Gobernar cuando millones de personas empiezan a sentir el abrazo de la pobreza exige algo diferente: sensibilidad, empatía y capacidad para comprender el sufrimiento cotidiano; cualidades que, hasta ahora, el gobierno de Javier Milei no ha conseguido demostrar.

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