Con la presencia de Javier Milei entre los invitados especiales y bajo una alerta terrorista, el ultraderechista Abelardo de la Espriella asumirá este viernes la presidencia de Colombia, en un drástico viraje ideológico que pondrá punto final a cuatro años del primer gobierno de izquierda en la historia del país.
Unos 11.000 uniformados de la Policía, el Ejército y la Fuerza Aeroespacial Colombiana custodiarán la ceremonia que se llevará a cabo en Cali, la principal ciudad del sudoeste colombiano. Es la primera vez que la jura no se realiza en Bogotá, en una decisión que busca mostrar el inicio de un nuevo proceso de “descentralización” política.
El acto se desarrollará en la Arena USC, de la Universidad Santiago de Cali, que puede albergar a más de 2300 personas
De la Espriella, un polémico abogado mediático, de 48 años, ganó el balotaje del 21 de junio con un apretado margen de menos de un punto de ventaja sobre el candidato oficialista Iván Cepeda, heredero del presidente saliente, Gustavo Petro, quien no asistirá a la ceremonia porque considera fraudulento el proceso eleccionario. Solo 200.000 votos separaron a ambos candidatos entre los más de 25 millones contabilizados.
El nuevo mandatario asumirá un país aquejado por una nueva ola de violencia guerrillera y del crimen organizado y con el desafío latente de gobernar sin una mayoría en el Congreso. Además, afrontará un grave déficit fiscal, una profunda crisis del sistema de salud y una preocupante realidad climática y energética.
El nuevo presidente afrontará un camino difícil. En el corto plazo tendrá ante sí cinco grandes frentes abiertos:
Por lo pronto, De la Espriella construyó un bloque de unidad en el Senado con el CD, Salvación Nacional, el Partido Conservador, la U y Cambio Radical. En total alcanzaría 49 votos, sobre un total de 103, pero apunta a crecer con disidentes del Partido Liberal.
En Diputados, el Centro Democrático ostenta la primera minoría, seguida por el Partido Liberal y el Pacto Histórico de Petro, con una dispersión de bancas entre partidos minoritarios que obligará al oficialismo a pactar grandes alianzas.
La Fundación Ideas para la Paz, citada por EFE, reveló que el número de guerrilleros creció 23,5% solo en 2025. Se calcula que son 27.121 personas en armas y en redes de apoyo del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Pero estos grupos no están solos. Las organizaciones criminales mantienen también un enorme peso en el país. El Clan del Golfo, el mayor grupo criminal, tiene al menos 9840 miembros.
De la Espriella prometió “mano dura” en la campaña. Quiere replicar las políticas radicales de Nayib Bukele, a quien imita en su estilo y en su discurso, a pesar de las innumerables denuncias de organismos de derechos humanos contra el presidente salvadoreño.
“A esas personas que están al margen de la ley, un mensaje categórico: disponen de un mes para entrar en razón (...) y organizar su sometimiento al Estado de derecho. En mi Gobierno no habrá ofertas generosas ni concesiones inaceptables como las que recibieron del régimen que está llegando a su fin”, afirmó el nuevo presidente. En campaña, prometió “bombardear” a los grupos armados.
“Colombia tiene un modelo de salud en donde todas las personas están aseguradas en un régimen en donde participan privados y actores públicos. Petro quería cambiar el modelo, pero no pudo hacerlo de forma estructural, pues ha venido teniendo una política de debilitar a los actores que se encargan del aseguramiento en salud”, dijo a TN la analista Silvia Otero-Bahamón, profesora asociada y directora de investigación de la Facultad de Estudios Sociales, Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario.
Según afirmó, “eso ha conllevado una crisis fiscal y una crisis de pagos, que ha terminado en el deterioro de la provisión del servicio de la población colombiana”.
“Hay muchos aseguradores que están a punto de tener que tomar decisiones radicales, prestadores de salud que están a punto de cerrar, hay muchos retrasos en el agendamiento de citas, de cirugías y cierres de servicios de salud. Entonces hay una bomba social que tiene que ver con la provisión de la salud”, advirtió.

El presidente electo Abelardo de la Espriella pronuncia un discurso durante un desfile militar con motivo del Día de la Independencia en Bogotá, Colombia, el lunes 20 de julio de 2026. (Foto AP/Miguel Ángel López)
En ese escenario, un plan de ajuste para frenar el gasto público está en los planes del nuevo presidente, gran admirador de Milei en su mirada sobre la economía. El programa oficial busca recortar el gasto público hasta un 40% de aquí al final del mandato. Pero expertos advierten además sobre un abultado crecimiento de la deuda pública. Datos oficiales revelan que ya alcanzó el 60,5% del PBI.
Otero-Bahamón advirtió que el déficit fiscal llegará al 7,8% este año. “Es uno de los más altos del mundo. El tema fiscal es muy complicado porque el gasto del Estado es más grande que sus ingresos, obviamente, y el gobierno actual ha venido navegando esa situación a punta de deuda”, indicó.
Según la analista, “el cupo del endeudamiento está muy alto” y “se vienen unos intereses de deuda que hay que pagar y achican el margen de maniobra del gobierno. Entonces, inevitablemente, se van a tener que tomar unas decisiones en el ámbito fiscal, unos recortes de gasto importantes, y esto es imposible de patear hacia adelante e imposible de no abordar”, sostuvo.
“Tenemos una situación compleja que tiene que ver con lo climático, el superniño que se viene, con una situación de sequía. En Colombia, gran parte de la energía proviene de las hidroeléctricas, pero también el conflicto en Medio Oriente ha implicado unas volatilidades en el mercado de petróleo y gas”, detalló Otero-Bahamón.
En su diálogo con TN, la analista afirmó: “Colombia lleva cuatro años sin firmar contratos de exploración en petróleo y gas, y entonces hay bajas reservas. Hay una situación energética muy compleja que es otra bomba que hay que desactivar. De lo contrario tendremos apagones en el país”, concluyó.