Lo que comenzó como una serie de incidentes aislados en el verano pasado se transformó este año en una epidemia que afecta a decenas de piscinas comunitarias y municipales, y que fue bautizado en las redes sociales como el "reto marrón", una broma viral que mantiene en alerta a todos.
El reto consiste en defecar directamente en el agua de piletas públicas o, en su defecto, arrojar sustancias con alta carga bacteriana, obligando a activar estrictos protocolos de emergencia sanitaria que incluyen el desalojo inmediato, el precinto del lugar y costosas tareas de hipercloración o vaciado total.
El impacto de este fenómeno genera verdaderos dolores de cabeza en municipios de diversas regiones de España como Madrid, Valencia, Zamora, Andalucía y Cataluña.
Casos como el registrado en la piscina municipal de El Val, en Alcalá de Henares —donde los bañistas debieron retirarse intempestivamente— o las reiteradas clausuras en Zamora y Oliva, evidencian el alcance de una "broma" que de graciosa no tiene nada.
Según detallan las autoridades locales, identificar a los responsables resulta una tarea titánica debido a la falta de testigos directos, lo que dificulta la aplicación de sanciones legales o multas ejemplares.
Cuando el personal de mantenimiento o los socorristas detectan excrementos flotando o, como ocurrió en algunos municipios valencianos, registran picos inusuales en los análisis de agua, se activa de forma automática el cierre preventivo.
En Oliva, por ejemplo, la detección de altas concentraciones de la bacteria Escherichia coli obligó a vaciar miles de litros de agua tanto en la pileta exterior como en la cubierta.
Los perjuicios son múltiples y directos: