14/08/2026 - Edición Nº647

Internacionales

continúa activo bajo tierra

En 1962, prendieron fuego un basural para limpiarlo y 64 años después el incendio sigue ardiendo bajo un pueblo en Estados Unidos

10:02 | Comenzó como una quema controlada, pero el fuego alcanzó antiguas minas de carbón, obligó a abandonar gran parte de la zona y todavía continúa en llamas.



En mayo de 1962, una decisión aparentemente rutinaria cambió para siempre la historia de Centralia, un pequeño pueblo ubicado en Pensilvania, Estados Unidos. Una quema intencional de basura alcanzó los depósitos de carbón que se encontraban debajo de la zona y comenzó un incendio que nunca más se apagó.

Aunque pasaron 64 años, el fuego continúa activo bajo tierra. Lo que alguna vez fue una comunidad vinculada con la minería terminó prácticamente abandonada después de décadas de intentos fallidos por controlar las llamas.

El comienzo del incendio de Centralia

El hecho se remonta a mayo de 1962, en las afueras de Centralia, donde existía un antiguo pozo de minería a cielo abierto que había comenzado a utilizarse como vertedero para residuos domésticos.

Según el Departamento de Protección Ambiental de Pensilvania, el incendio se habría originado durante una quema intencional y controlada de la basura acumulada en ese lugar. Pero el problema estaba debajo.

La zona había sido explotada durante décadas por su carbón. La falta de una barrera adecuada de material no combustible habría permitido que el fuego pasara los residuos y alcanzara las minas de carbón abandonadas.

Desde ese momento, el incendio dejó de ser un simple fuego controlable. Las llamas encontraron enormes cantidades de combustible bajo tierra y comenzaron a propagarse.

El Gobierno destinó millones de dólares para reubicar a los habitantes ante los riesgos de vivir sobre el fuego. (Imagen: Wikimedia)

El Gobierno destinó millones de dólares para reubicar a los habitantes ante los riesgos de vivir sobre el fuego. (Imagen: Wikimedia)

64 años de intentos fallidos

Durante los primeros años se realizaron múltiples intentos para controlar el incendio. Entre 1962 y 1978, los gobiernos estatal y federal destinaron alrededor de US$3,3 millones a diferentes trabajos para combatirlo, aunque consiguieron resultados limitados.

Con los años, el problema se profundizó y las estimaciones sobre cuánto costaría eliminarlo se volvieron cada vez más altas.

En 1983, un estudio de la Oficina de Minería de Superficie de Estados Unidos calculó que serían necesarios aproximadamente US$663 millones para extinguir el fuego. Además, ese mismo año, la Ruta 61 sufrió graves daños por hundimientos gracias al incendio y las autoridades tuvieron que intervenir. Para entonces, el problema que había comenzado más de dos décadas antes ya había cambiado completamente la vida en Centralia.

Vivir sobre un incendio subterráneo

Con el avance del fuego comenzaron a aparecer las consecuencias en la superficie: el terreno se volvió inestable, aumentó el riesgo de hundimientos repentinos y diferentes gases producidos por la combustión comenzaron a ser un peligro para quienes todavía vivían en la zona.

Actualmente, el propio Departamento de Protección Ambiental de Pensilvania advierte que el área afectada continúa siendo extremadamente peligrosa debido a la presencia de gases peligrosos y la posibilidad de que el terreno colapse de manera inesperada.

En 1984, el Congreso de Estados Unidos aprobó US$42 millones para comprar voluntariamente las propiedades afectadas y trasladar a sus residentes debido a los peligros provocados por el incendio.

Con el paso de los años, gran parte de las viviendas y edificios fueron demolidos y Centralia terminó convertida prácticamente en un pueblo fantasma.

Un parque para niños abandonado en Centralia. (Imagen: Wikimedia)

Un parque para niños abandonado en Centralia. (Imagen: Wikimedia)

64 años después, el fuego todavía continúa bajo Centralia

En 2026, el incendio iniciado en 1962 sigue activo en las antiguas minas de Buck Mountain, según la información oficial del Gobierno de Pensilvania.

El fuego permanece debajo de la superficie, alimentándose del carbón disponible en las antiguas explotaciones mineras y convirtiendo a Centralia en uno de los casos más llamativos de incendios prolongados.

Las autoridades aún advierten que ingresar a las zonas directamente afectadas puede provocar lesiones graves o incluso la muerte.

Así, una quema de basura que pretendía resolver un problema cotidiano provocó exactamente lo contrario: 64 años después, el fuego continúa debajo del pueblo y Centralia nunca volvió a ser habitable.